MIAMI. Enero, 20. La comunidad hispana recibió con esperanza y optimismo la toma de posesión de Barack Obama como el 44 presidente de Estados Unidos. Desde Miami hasta los suburbios de Chicago, se palpó un generalizado anhelo de horizontes mejores en este momento de crisis para el país y el mundo.
En Chicago
En Chicago, desde muy temprano, decenas de hispanos se congregaron en la Casa Michoacán para seguir por televisión la histórica investidura del primer afroamericano en asumir la presidencia del país.
Jorge Mújica, uno de los organizadores de las marchas del 1 de mayo del 2006, dijo a Efe que aunque feliz por el cambio, prefiere "no creer, hasta no ver" qué propuestas hace el nuevo presidente. "Me pongo del lado de los no optimistas, la mejor noticia para mi es que termina el régimen de (George W.) Bush", declaró Mújica.
Sin embargo, el activista señalo que habrá tiempo suficiente en los próximos cuatro años para que se cristalice la tan ansiada reforma migratoria.
Al otro lado de la ciudad, la indocumentada Flor Crisóstomo, quien lleva más de un año en el santuario de la Iglesia Metodista San Adalberto en Humboldt Park, observó con atención cómo el hijo de un africano y una estadounidense puso la mano sobre una Biblia que perteneció a Abraham Lincoln para jurar el cargo.
Crisóstomo, quien encara una deportación inmediata de salir de su santuario, declaró que teme que ahora Obama se dé cuenta que su promesa de hacer algo por los indocumentados en sus primeros 100 días no sea tan fácil de cumplir con una economía en ruinas.
"La respuesta de nosotros es movilizarnos y mandarle correos electrónicos y cartas para que él vea que nosotros no somos un problema más", dijo.
Con optimismo reaccionaron también activistas de California, como Jorge Mario Cabrera, de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes de Los Ángeles (CHIRLA, en inglés), quien dijo que "el equipo de transición está compuesto de gente diversa y progresista y eso me hace pensar que el tipo de consejería que va a recibir el presidente va a ser más allegada a nuestras necesidades".
"También el hecho de que -como señaló en su campaña y confirmó luego- la inmigración es uno de los siete temas principales de su administración", agregó.
"Tenemos mucha confianza en que el nuevo presidente y el Congreso asuman su responsabilidad en lograr una reforma migratoria que legalice a los más de doce millones de indocumentados y acabe con las redadas y las deportaciones", afirmó Oswaldo Cabrera, director ejecutivo de la Coalición Latinoamericana Internacional (CLI).
Para el inmigrante Carlos Hernández, de Hermosillo, México, el nuevo gobierno es una "esperanza de tiempos mejores".
"Yo creo que este presidente sí va a hacer cambios verdaderos, pues él es hijo de inmigrantes y sabe valorar a los que hemos venido de otros países", dijo Hernández mientras seguía la transmisión de mando en una pantalla gigante junto al Staples Center, en el centro de Los Ángeles.
Por su parte, la nicaragüense Rosa González, de 32 años, quien perdió su trabajo en un hotel hace dos meses, espera que "Obama mejore la economía y nos haga la vida más fácil a los inmigrantes".